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Enfocando lo invisible - Crónica

Existe una frase pintada en la pared central del Civivox Iturrama que resume la visión de toda una jornada: “Apuesta por la cultura”. El viernes 11 de septiembre de 2026 se celebró la octava edición de la gala de premiación del Navarra International Film Festival (NIFF), evento que convirtió a Pamplona en el foco de lo invisible: el cine emergente. En tiempos en los que los jóvenes de la industria cinematográfica enfrentan retos e incertidumbres, el NIFF demostró el valor de una comunidad dispuesta a respaldar pequeñas producciones creadas por las nuevas generaciones, utilizando espacios locales para darles foco. 

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Una hora antes de la gala, cuando por el recinto solo se veían a los organizadores del evento y uno que otro periodista, Naia Larrainzar caminaba por el hall del Civivox tomada del brazo de su amiga Nahia Bildarratz de 17 años. La estudiante de Bachillerato de Artes Escénicas y directora del cortometraje Invisible a los ojos irradiaba emoción provocada por su primera participación en un festival de cine. “[A mí] Me parece genial que se hagan estos eventos, porque digo: ostras, quiero vivir de esto. Si tengo esto aquí en casa, pues fenomenal, porque si no, estoy todos los días pensando en irme a Barcelona o a Madrid y al final no tengo los mismos recursos allí que aquí”. 

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Minutos después, mientras la gente se arremolinaba en la alfombra roja, María Vargas, de 22 años, esperaba a que llegara la hora de la premiación a los pies de la rampa de acceso al Civivox junto a cuatro chicas. En esa misma rampa confesaría la inquietud que sentía al haberse graduado en Comunicación Audiovisual en mayo sin saber qué rumbo tomar. 

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Casi eran las ocho de la noche cuando la calma inicial fue reemplazada por saludos efusivos y risas. En el vestíbulo, algunos asistentes vestidos de gala se ajustaban trajes y vestidos mientras los flashes de las cámaras iluminaban sus rostros. Los que ya habían encontrado sus asientos dentro del auditorio intercambiaban señas con la mano de un extremo a otro. Entre el murmullo de la sala, la impaciencia se hacía visible en los golpes nerviosos sobre los reposabrazos de las butacas y en la cabina técnica, donde se ajustaban luces y se revisaba el guion de la velada entre llamadas telefónicas. Tras varias miradas impacientes a relojes de muñeca, a las 20:08 las luces se apagaron por completo y el silencio anunció el inicio de la ceremonia. 

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El resultado de crear un espacio seguro para el talento local se reflejó cuando las embajadoras del festival, Silvia Catalán, Evelyn Sosa y Delia Izabel, subieron al escenario a entregar los galardones Corto Joven. Minutos antes explicaron el propósito de su rol. Evelyn, veterinaria y modelo de 37 años, señaló la urgencia de rescatar a los jóvenes del consumo pasivo frente a las pantallas: “Me parece maravilloso que se anime a los jóvenes a ser más creativos (...) la mayoría se dedica a mirar contenido y ninguno a crearlo”. La fotógrafa Silvia Catalán amparó el ingenio humano frente a la tecnología apelando al boicot hacia la inteligencia artificial. Delia, artista de 25 años, condensó la trascendencia del festival: “El NIFF tiene poder. Navarra es tierra de cine”.

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El momento decisivo para Naia Larrainzar llegó de las manos de las embajadoras. Al anunciarse que el premio NIFF Corto Joven de Plata iba dirigido para Invisible a los ojos, la cineasta de 16 años subió al escenario mientras el auditorio entero aplaudía. En la penúltima fila un grupo de seis chicas vitoreaba su nombre y señalaban algo que no se distinguía en la penumbra. Cuando tomó el micrófono, las lágrimas interrumpieron su discurso y la ternura inundó a la audiencia cuando expresó su deseo de regresar al festival el año entrante para repetir la buena experiencia y seguir creando. 

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Las dudas de María Vargas, la recién graduada, se disiparon cuando fue proclamada ganadora del Premio NIFF de Oro al Mejor Cortometraje Documental, que incluye una compensación de €1.000 y calificación a los premios Goya, por La creación. La obra, que surgió como un trabajo universitario, se convirtió en el máximo galardón de no ficción. 

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Al finalizar la entrega, el misterio de la anteúltima fila se reveló en el hall. Rodeada por sus amigas, Naia posó en la alfombra roja sosteniendo su trofeo junto a una cartulina verde salpicada de corazones rojos. Las letras trazadas a mano formaban el mensaje que señalaba su grupo: “Confía en ti tanto como lo hacemos nosotras” y “de parte de tus fans, nunca olvides que para nosotras ya has ganado con lo lejos que estás llegando. Te queremos”. Pasados los flashes y las felicitaciones, Naia reflexionó sobre el orgullo que le producía haber creado una obra premiada sin presupuesto profesional: “[El festival] es una oportunidad muy grande para personas de mi edad que no tenemos dinero para material profesional. He ganado un premio con un móvil, sin micrófonos ni actores profesionales (...). Lo importante es no tener vergüenza de mostrar lo que haces”.

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Tras descender del escenario y salir del auditorio entre abrazos de su equipo y de sus profesores de la Universidad de Navarra, Fermín Gil y Efrén Cuevas, quienes la acompañaron durante el evento, María describió los hechos como una vivencia surrealista: “Son cosas que ves que le pasan a la gente, pero nunca crees que te van a pasar a ti. Tener este reconocimiento tras graduarme es un indicador de qué camino elegir”. Además, al reflexionar sobre el festival, expresó que desearía que existieran más espacios como este, destacando que las nuevas generaciones los necesitan hoy más que nunca al enfrentarse a múltiples desafíos. La cineasta señaló que la creación artística se ha quedado atrás, por lo que impulsar iniciativas que reconozcan el talento joven y les hagan sentirse vistos resulta fundamental. 

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Antes de que los asistentes salieran de la sala, una foto reunió sobre la tarima a premiados, voluntarios, entregadores de premios, y a la dirección del festival encabezada por Joaquín Calderón y Belén Galindo. Alrededor de las diez, este espectáculo llegaba a su fin y los ecos de risas alegres, conversaciones y felicitaciones se fueron apagando hasta que, de nuevo, en el Civivox de Iturrama solo quedaron los organizadores del evento y uno que otro periodista. 

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Escrito por ​Alexa Preciado Navarro

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